INSTITUTO DE LA PAZ Y EL DESARROLLO - IPAZDE USTA - OpiniónEl Instituto (IPAZDE) inspirado en los valores tomasinos del pensamiento crítico, creativo y ético, tiene como misión promover el estudio y la praxis de la Paz y el Desarrollo Sosteniblehttps://ipazde.usta.edu.co/index.php/opinion2026-03-28T00:43:28+00:00Instituto de la Paz y el Desarrollo - IPAZDE USTAJoomla! - Open Source Content ManagementColombia: memoria de la sangre, vocación de esperanza 2026-03-04T02:58:25+00:002026-03-04T02:58:25+00:00https://ipazde.usta.edu.co/index.php/opinion/90-juan-c-acevedo-rJuan C. Acevedo Rojas<p>* Por Juan Camilo Acevedo </p>
<p><img src="https://contactomaestro.colombiaaprende.edu.co/sites/default/files/maestrospublic/styles/interna_850x260/public/2020-05/imagen-11.png?h=aeae0952&itok=SzF15l1b" alt="Proyecto de memoria histórica “Pensar para transformar” | Contacto Maestro" width="615" height="412" /></p>
<p>Foto tomada de: <a href="https://contactomaestro.colombiaaprende.edu.co/experiencias-significativas/experiencias-del-bicentenario-proyecto-de-memoria-historica">https://contactomaestro.colombiaaprende.edu.co/experiencias-significativas/experiencias-del-bicentenario-proyecto-de-memoria-historica</a></p>
<p>Colombia es un país megadiverso. Pero también es un país cuya historia ha moldeado la manera en que piensa, habla y se relaciona su gente. No somos solo el territorio de las montañas, los ríos y las mariposas amarillas. Somos también una sociedad atravesada por generaciones que han crecido bajo la sombra del miedo.</p>
<p>Desde 1928, cada generación ha vivido su propio capítulo de violencia.</p>
<p>En diciembre de ese año, los trabajadores de la United Fruit Company (hoy conocida como Chiquita Brands International) protestaban por condiciones laborales dignas en Ciénaga. La respuesta fue fuego. El ejército, bajo órdenes del general Carlos Cortés Vargas, disparó contra los huelguistas. Décadas después, la Comisión de la Verdad estimaría que el número de víctimas superó el millar. No fue solo una masacre: fue el mensaje temprano de que el poder podía imponerse sobre la vida.</p>
<p>Veinte años después, el 9 de abril de 1948, fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán. El “Caudillo del pueblo” cayó en el centro de Bogotá y con él se incendió la ciudad. El Bogotazo no solo dejó muertos y ruinas; dejó una fractura emocional que marcaría el inicio de una violencia prolongada. Desde entonces, la política dejó de ser únicamente disputa de ideas y se convirtió, demasiadas veces, en escenario de exterminio.</p>
<p>En 1989, el país volvió a sentir que el Estado tambaleaba. El asesinato de candidatos presidenciales, los carros bomba, los secuestros, los aviones que explotaban en el aire. Fue una generación que creció preguntándose si cualquier esquina podía convertirse en tragedia. Y, sin embargo, de esa misma década surgió la esperanza de una nueva Constitución. El miedo convivía con la posibilidad de refundar el país.</p>
<p>Más adelante vendrían otros dolores: ejecuciones extrajudiciales, desplazamientos masivos, estallidos sociales, asesinatos de líderes, polarización creciente. Cada episodio fue dejando capas en nuestra memoria colectiva. Incluso quienes no vivieron directamente aquellos hechos han heredado sus ecos. En Colombia, el trauma también se transmite.</p>
<p>Pero hay algo que resiste. Hoy existen más de 200 lugares de memoria donde el dolor se transformó en reflexión. Comunas que fueron sinónimo de violencia ahora son escenarios de arte. Espacios donde antes hubo balas ahora albergan murales. La memoria no ha desaparecido; se ha resignificado. Esa es quizá nuestra paradoja: somos una sociedad marcada por la sangre, pero obstinadamente aferrada a la esperanza.</p>
<p>Somos el país del realismo mágico de Gabriel García Márquez, donde lo extraordinario convive con lo trágico. Somos el lugar donde se dice “veci” aunque no conozcamos al otro. Donde cada vez que juega la selección se suspenden, por un momento, las diferencias. Donde la risa persiste incluso después de la noticia más dura.</p>
<p>Tal vez la verdadera pregunta no es si hemos sufrido demasiado, sino qué hemos hecho con ese sufrimiento.</p>
<p>¿Nos acostumbramos al miedo o aprendimos a reconocerlo?</p>
<p>¿Normalizamos la violencia o empezamos a rechazarla con mayor conciencia?</p>
<p>¿Estamos repitiendo la historia o escribiendo un capítulo distinto?</p>
<p>Después de casi un siglo de generaciones atravesadas por la violencia, Colombia parece estar en un punto de inflexión permanente. Y quizás, por primera vez, no se trata solo de resistir, sino de decidir qué tipo de memoria queremos conservar y cuál queremos transformar.</p>
<p>Porque si algo demuestra nuestra historia es que el miedo ha sido recurrente. Pero también lo ha sido la esperanza.Y tal vez ahí, en esa tensión constante entre la herida y la posibilidad, se esté escribiendo el verdadero nuevo capítulo del país.</p>
<p><em style="color: #333333; font-family: 'Open Sans', sans-serif; font-size: 14px; font-weight: 300; letter-spacing: normal; orphans: 2; text-align: start; text-indent: 0px; text-transform: none; widows: 2; word-spacing: 0px; white-space: normal; background-color: #ffffff;">Escrito por Juan Camilo Acevedo Rojas estudiante de VII semestre de Gobierno y Relaciones Internacionales Voluntario del IPAZDE</em></p><p>* Por Juan Camilo Acevedo </p>
<p><img src="https://contactomaestro.colombiaaprende.edu.co/sites/default/files/maestrospublic/styles/interna_850x260/public/2020-05/imagen-11.png?h=aeae0952&itok=SzF15l1b" alt="Proyecto de memoria histórica “Pensar para transformar” | Contacto Maestro" width="615" height="412" /></p>
<p>Foto tomada de: <a href="https://contactomaestro.colombiaaprende.edu.co/experiencias-significativas/experiencias-del-bicentenario-proyecto-de-memoria-historica">https://contactomaestro.colombiaaprende.edu.co/experiencias-significativas/experiencias-del-bicentenario-proyecto-de-memoria-historica</a></p>
<p>Colombia es un país megadiverso. Pero también es un país cuya historia ha moldeado la manera en que piensa, habla y se relaciona su gente. No somos solo el territorio de las montañas, los ríos y las mariposas amarillas. Somos también una sociedad atravesada por generaciones que han crecido bajo la sombra del miedo.</p>
<p>Desde 1928, cada generación ha vivido su propio capítulo de violencia.</p>
<p>En diciembre de ese año, los trabajadores de la United Fruit Company (hoy conocida como Chiquita Brands International) protestaban por condiciones laborales dignas en Ciénaga. La respuesta fue fuego. El ejército, bajo órdenes del general Carlos Cortés Vargas, disparó contra los huelguistas. Décadas después, la Comisión de la Verdad estimaría que el número de víctimas superó el millar. No fue solo una masacre: fue el mensaje temprano de que el poder podía imponerse sobre la vida.</p>
<p>Veinte años después, el 9 de abril de 1948, fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán. El “Caudillo del pueblo” cayó en el centro de Bogotá y con él se incendió la ciudad. El Bogotazo no solo dejó muertos y ruinas; dejó una fractura emocional que marcaría el inicio de una violencia prolongada. Desde entonces, la política dejó de ser únicamente disputa de ideas y se convirtió, demasiadas veces, en escenario de exterminio.</p>
<p>En 1989, el país volvió a sentir que el Estado tambaleaba. El asesinato de candidatos presidenciales, los carros bomba, los secuestros, los aviones que explotaban en el aire. Fue una generación que creció preguntándose si cualquier esquina podía convertirse en tragedia. Y, sin embargo, de esa misma década surgió la esperanza de una nueva Constitución. El miedo convivía con la posibilidad de refundar el país.</p>
<p>Más adelante vendrían otros dolores: ejecuciones extrajudiciales, desplazamientos masivos, estallidos sociales, asesinatos de líderes, polarización creciente. Cada episodio fue dejando capas en nuestra memoria colectiva. Incluso quienes no vivieron directamente aquellos hechos han heredado sus ecos. En Colombia, el trauma también se transmite.</p>
<p>Pero hay algo que resiste. Hoy existen más de 200 lugares de memoria donde el dolor se transformó en reflexión. Comunas que fueron sinónimo de violencia ahora son escenarios de arte. Espacios donde antes hubo balas ahora albergan murales. La memoria no ha desaparecido; se ha resignificado. Esa es quizá nuestra paradoja: somos una sociedad marcada por la sangre, pero obstinadamente aferrada a la esperanza.</p>
<p>Somos el país del realismo mágico de Gabriel García Márquez, donde lo extraordinario convive con lo trágico. Somos el lugar donde se dice “veci” aunque no conozcamos al otro. Donde cada vez que juega la selección se suspenden, por un momento, las diferencias. Donde la risa persiste incluso después de la noticia más dura.</p>
<p>Tal vez la verdadera pregunta no es si hemos sufrido demasiado, sino qué hemos hecho con ese sufrimiento.</p>
<p>¿Nos acostumbramos al miedo o aprendimos a reconocerlo?</p>
<p>¿Normalizamos la violencia o empezamos a rechazarla con mayor conciencia?</p>
<p>¿Estamos repitiendo la historia o escribiendo un capítulo distinto?</p>
<p>Después de casi un siglo de generaciones atravesadas por la violencia, Colombia parece estar en un punto de inflexión permanente. Y quizás, por primera vez, no se trata solo de resistir, sino de decidir qué tipo de memoria queremos conservar y cuál queremos transformar.</p>
<p>Porque si algo demuestra nuestra historia es que el miedo ha sido recurrente. Pero también lo ha sido la esperanza.Y tal vez ahí, en esa tensión constante entre la herida y la posibilidad, se esté escribiendo el verdadero nuevo capítulo del país.</p>
<p><em style="color: #333333; font-family: 'Open Sans', sans-serif; font-size: 14px; font-weight: 300; letter-spacing: normal; orphans: 2; text-align: start; text-indent: 0px; text-transform: none; widows: 2; word-spacing: 0px; white-space: normal; background-color: #ffffff;">Escrito por Juan Camilo Acevedo Rojas estudiante de VII semestre de Gobierno y Relaciones Internacionales Voluntario del IPAZDE</em></p>Elegir la paz2026-02-18T02:28:13+00:002026-02-18T02:28:13+00:00https://ipazde.usta.edu.co/index.php/opinion/89-paula-m-villalobos-cPaula M. Villalobos C.<p>* Por Paula Mariana Villalobos<br /><img style="color: #444444;" src="https://ipazde.usta.edu.co/images/WhatsApp_Image_2026-02-14_at_7.13.37_PM_1.jpeg" alt="WhatsApp Image 2026 02 14 at 7.13.37 PM 1" width="449" height="300" /></p>
<p>Foto tomada de: <a href="https://cimacnoticias.com.mx/2017/04/19/mujeres-de-mampujan-la-costura-sana-huellas-de-la-violencia/">https://cimacnoticias.com.mx/2017/04/19/mujeres-de-mampujan-la-costura-sana-huellas-de-la-violencia/</a></p>
<p>¿Es la paz el punto final de la guerra? En el corregimiento de Mampuján, lejos de los discursos oficiales y de los acuerdos firmados sobre el papel, la paz tomó la forma de un telar. A través de él, las mujeres narraron el sufrimiento que atravesó su comunidad el 11 de marzo de 2000 y transformaron el dolor en memoria. Ese ejercicio no sólo permitió tramitar la pérdida, sino también preservar una historia que el conflicto armado intentó borrar.</p>
<p>Experiencias como esta han contribuido a consolidar la imagen de las mujeres como “tejedoras” o “constructoras de paz”, asociando prácticas como cuidar, recordar y recomponer el tejido social a una labor femenina. Sin embargo, esta narrativa es más compleja de lo que parece: tanto en la guerra como en la paz, a las mujeres se les han asignado roles sobre lo que deben ser o cómo deben actuar.</p>
<p>* Por Paula Mariana Villalobos<br /><img style="color: #444444;" src="https://ipazde.usta.edu.co/images/WhatsApp_Image_2026-02-14_at_7.13.37_PM_1.jpeg" alt="WhatsApp Image 2026 02 14 at 7.13.37 PM 1" width="449" height="300" /></p>
<p>Foto tomada de: <a href="https://cimacnoticias.com.mx/2017/04/19/mujeres-de-mampujan-la-costura-sana-huellas-de-la-violencia/">https://cimacnoticias.com.mx/2017/04/19/mujeres-de-mampujan-la-costura-sana-huellas-de-la-violencia/</a></p>
<p>¿Es la paz el punto final de la guerra? En el corregimiento de Mampuján, lejos de los discursos oficiales y de los acuerdos firmados sobre el papel, la paz tomó la forma de un telar. A través de él, las mujeres narraron el sufrimiento que atravesó su comunidad el 11 de marzo de 2000 y transformaron el dolor en memoria. Ese ejercicio no sólo permitió tramitar la pérdida, sino también preservar una historia que el conflicto armado intentó borrar.</p>
<p>Experiencias como esta han contribuido a consolidar la imagen de las mujeres como “tejedoras” o “constructoras de paz”, asociando prácticas como cuidar, recordar y recomponer el tejido social a una labor femenina. Sin embargo, esta narrativa es más compleja de lo que parece: tanto en la guerra como en la paz, a las mujeres se les han asignado roles sobre lo que deben ser o cómo deben actuar.</p>
Desigualdad Energética en Colombia: Un desafío para la Paz, el Desarrollo Social y el Bienestar2024-11-08T18:39:26+00:002024-11-08T18:39:26+00:00https://ipazde.usta.edu.co/index.php/opinion/86-desigualdad-energetica-en-colombia-un-desafio-para-la-paz-el-desarrollo-social-y-el-bienestarJhon Jaramillo<p>*Por Laura Castillo y Paula Fernandez</p>
<p><strong><img src="https://ipazde.usta.edu.co/images/energía.jpg" alt="energía" width="586" height="391" /></strong></p>
<p>Foto tomada de <a href="https://www.undp.org/es/colombia/discursos/acceso-energia-estrategia-para-reduccion-de-pobreza">https://www.undp.org/es/colombia/discursos/acceso-energia-estrategia-para-reduccion-de-pobreza</a></p>
<p>Para el año 2024, Colombia tiene una población estimada de cincuenta y dos millones doscientos dieciséis mil habitantes de los cuales el 7% no cuenta con disponibilidad a la energía eléctrica, sin embargo, el 18.4% de habitantes en Colombia no tiene acceso a energía o cuenta con una fuente de energía intermitente, esta situación se traduce a condiciones de desigualdad, pobreza energética e inestabilidad social.</p>
<p>Primero, se debe hablar de lo que se considera pobreza energética, esta se refiere a la ausencia al acceso de servicios energéticos, entonces mientras grandes metrópolis en Colombia, como Bogotá cuentan con una cobertura del 100%, en las zonas rurales 2 millones de personas no disponen de servicio eléctrico. Sin embargo, estas cifras podrían incrementar considerablemente, pues lastimosamente aumentan las dificultades por las barreras geográficas y la falta de infraestructura, lo que dificulta la precisión de los censos.</p>
<p>*Por Laura Castillo y Paula Fernandez</p>
<p><strong><img src="https://ipazde.usta.edu.co/images/energía.jpg" alt="energía" width="586" height="391" /></strong></p>
<p>Foto tomada de <a href="https://www.undp.org/es/colombia/discursos/acceso-energia-estrategia-para-reduccion-de-pobreza">https://www.undp.org/es/colombia/discursos/acceso-energia-estrategia-para-reduccion-de-pobreza</a></p>
<p>Para el año 2024, Colombia tiene una población estimada de cincuenta y dos millones doscientos dieciséis mil habitantes de los cuales el 7% no cuenta con disponibilidad a la energía eléctrica, sin embargo, el 18.4% de habitantes en Colombia no tiene acceso a energía o cuenta con una fuente de energía intermitente, esta situación se traduce a condiciones de desigualdad, pobreza energética e inestabilidad social.</p>
<p>Primero, se debe hablar de lo que se considera pobreza energética, esta se refiere a la ausencia al acceso de servicios energéticos, entonces mientras grandes metrópolis en Colombia, como Bogotá cuentan con una cobertura del 100%, en las zonas rurales 2 millones de personas no disponen de servicio eléctrico. Sin embargo, estas cifras podrían incrementar considerablemente, pues lastimosamente aumentan las dificultades por las barreras geográficas y la falta de infraestructura, lo que dificulta la precisión de los censos.</p>
La Paz, un Sueño en Construcción para Colombia2024-10-31T02:23:00+00:002024-10-31T02:23:00+00:00https://ipazde.usta.edu.co/index.php/opinion/85-la-paz-un-sueno-en-construccion-para-colombiaJhon Jaramillo<p>*Por David Mendoza Naranjo </p>
<p><img src="https://ipazde.usta.edu.co/images/pazbotero.jpg" alt="pazbotero" width="444" height="296" /></p>
<p>Es desolador ver como la historia del país ha estado impregnada de hechos violentos, desde la época de la violencia (1948-1958) se destacan particularmente enfrentamientos entre el Partido Liberal y el Partido Conservador, esto se intensificó a raíz del el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948. La Violencia dejó alrededor de 190.000 personas fallecidas y generó la formación de grupos armados en el año 1964, con la fundación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), estos grupos fueron influenciados por ideologías marxistas-leninistas en respuesta a la exclusión política y las desigualdades sociales latentes de dicha época.</p>
<p>*Por David Mendoza Naranjo </p>
<p><img src="https://ipazde.usta.edu.co/images/pazbotero.jpg" alt="pazbotero" width="444" height="296" /></p>
<p>Es desolador ver como la historia del país ha estado impregnada de hechos violentos, desde la época de la violencia (1948-1958) se destacan particularmente enfrentamientos entre el Partido Liberal y el Partido Conservador, esto se intensificó a raíz del el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948. La Violencia dejó alrededor de 190.000 personas fallecidas y generó la formación de grupos armados en el año 1964, con la fundación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), estos grupos fueron influenciados por ideologías marxistas-leninistas en respuesta a la exclusión política y las desigualdades sociales latentes de dicha época.</p>